Es inevitable no hacer el balance de todo lo que pasó en el último año. Como una decisión movió tantas cosas en mi y a mi alrededor. Sin duda mi mayor aprendizaje es entender y aceptar que todo tiene su tiempo, que las cosas se dan en su momento perfecto.
Ha sido el año que más sola he estado pero menos sola me he sentido. Al contrario, nunca me he había sentido tan acompañada por mi, tan cómoda en mi cuerpo y en mi mente. Saber que ésta paz por la que tanto he trabajado, ha valido la pena, que es mi responsabilidad y de nadie más.
Es curioso y bonito que en mi soledad nunca me he sentido sola. Mi familia, mis amigas, las personas que llegaron, las que siguen y las que ya no; agradezco su presencia en mi vida. He aprendido tanto de todos ellos. Me han ayudado a conocerme, me han enseñado a ser compasiva, a ser paciente y valorar el tiempo. Pero sobre todo, a soltar.
Hace meses, en uno de mis mejores días sintiéndome plena y dichosa de la vida, escribí una nota de agradecimiento y la pegué en mi closet. Meses después, cuando llegaron unos días grises, fue mi recordatorio de que las cosas siempre cambian, siempre mejoran. Y así fue. Aún cuando anhelaba tanto volver a ser la Carmen de esa nota, hoy ya no quiero serlo. Prefiero la Carmen de hoy, una mujer que sabe que puede construirse las veces que sean necesarias, que sabe que vendrán días grises pero que no son eternos y que siempre puede volver a elegir desde el amor.
Así es es la vida, ¿no?. Altas y bajas. Por eso dice Julieta Venegas: “El presente es lo único que tenemos“. Y aprender a navegar por esas subidas y bajadas, ha sido mi mayor aprendizaje.
En fin. No me voy a extender mucho. Solo quería desahogarlo. Todo empezó en un tuit y luego me acordé que tenía este espacio bonito y tan mío.
Hoy con mucha seguridad y tranquilidad puedo voltear a ver a la Carmelita de 6 años y decirle que estamos muy bien y que esto cada vez se pone mejor.
Quiero que esta paz sea eterna.
CL.